Saluda del Consiliario de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Semana Santa

Queridos todos:

La existencia de Hermandades y Cofradías en la Iglesia viene de muy antiguo. Y aunque el motivo de su fundación no fue el mismo para todas, es cierto que han desarrollado un influjo bienhechor a lo largo de la historia. El Papa Benedicto XVI lo reconocía así:: “Desde los orígenes, vuestras cofradías se han distinguido por sus formas típicas de piedad popular, a las que se unían muchas iniciativas de caridad en favor de los pobres, los enfermos y los que sufren, implicando a numerosos voluntarios, de todas las clases sociales, en esta competición de ayuda generosa a los necesitados. Se comprende mejor este espíritu de caridad fraterna si se tiene en cuenta que comenzaron a surgir durante la Edad Media, cuando aún no existían formas estructuradas de asistencia pública que garantizaran intervenciones sociales y sanitarias a los sectores más débiles de la colectividad.”

Hoy en día, especialmente entre nosotros, las Hermandades y Cofradías no tienen ese vigor caritativo que en otros siglos tuvieron. Son pocos los hermanos y, por tanto, pocos los recursos con los que se cuentan. A pesar de eso, pocas son las Cofradías que no tienen Bolsa de Caridad, o hacen una Operación Kilo, o recogen ropa, alimentos, en algunos momentos del año. No se han olvidado de la Caridad, aunque sea muy limitada.

Desde hace unos años se ha puesto más el acento en la Procesión. La mayoría de las Hermandades tienen poca actividad durante el año, apenas algún acto, y centran todos sus esfuerzos en sacar dignamente sus pasos a la calle. Algo, por otro lado, que es obligación de toda Hermandad: procesionar con dignidad, hacer una buena catequesis en la calle. Y es aquí donde quisiera detenerme un poco. 

La catequesis no es sólo el proceso de años que lleva a un cristiano a entender celebrar y vivir su fe, sino que también es catequesis lo que ocasionalmente me lleva a entender, celebrar y vivir la fe que profeso. Por eso es catequista no sólo el que semanalmente tiene un grupo de niños, de jóvenes o de adultos, sino que también ejerce esa misión aquel que influye positivamente en el crecimiento en la fe de otros. 

Las Hermandades son catequistas ocasionales cuando de forma digna y seria ponen en la calle los misterios de la Pasión a través de las figuras del Señor o de la Virgen. Una procesión bien organizada, donde los hermanos van centrados en lo que hacen, donde las imágenes se llevan con seriedad y con devoción, donde la música invita a la contemplación, donde no hay aspavientos ni voces sino calma y sosiego, donde todas las miradas se fijan en el paso y no en los que lo llevan o van alrededor… eso es una AUTÉNTICA CATEQUESIS EN LA CALLE. Por eso es de agradecer que tengamos Hermandades que se tomen en serie su labor catequizadora. 

Bien es verdad que para catequizar hay que estar catequizado, que nadie da lo que no tiene. Por eso es imprescindible la formación. Y no sólo una formación en temas cofrades, que también, sino en lo básico del ser cristiano. Es verdad que en este tema vamos avanzando poco a poco, y que las reuniones formativas que tenemos una vez al mes nos están ayudando a todos. Pero eso es insuficiente ya que somos pocos y es poco tiempo. Cada Hermandad, en su respectiva parroquia, debe implicarse en la formación de sus hermanos. Si de verdad queremos cumplir con la misión que la Iglesia nos ha encomendado de evangelizar a través de la religiosidad popular, no queda otra que implicarse en la formación. Y si de verdad queremos recuperar lo que nuestras Hermandades fueron en sus orígenes, el camino pasa por hacer lo que Benedicto XVI decía a las Cofradías italianas:  “que cuidéis vuestra formación espiritual y tendáis a la santidad, siguiendo los ejemplos de auténtica perfección cristiana, que no faltan en la historia de vuestras cofradías”.

Con mis mejores deseos para todos.

Enrique Galán Ruedas
Consiliario de la Agrupación
y Párroco de la Asunción de Ntra. Sra.

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