Saluda del Obispo Prior de Ciudad Real

Hemos terminado recientemente el Año de la fe, que se ha celebrado en la Iglesia Universal. Durante este año, ha ido aflorando, en la conciencia de todos, la necesidad de cuidar los medios de transmisión de la fe. Y han ocupado el primer lugar, por su importancia y por su deterioro actual, la Familia y los Jóvenes. También en nuestra Diócesis. Todos sabéis que el objetivo principal en nuestro Plan de pastoral ha sido la transmisión de la fe en la Familia y entre los Jóvenes. Ahora, el próximo Sínodo de los Obispos, se dedicará a la reflexión pastoral sobre la Familia.

Son dos temas que se dan la mano, que dependen uno de otro y que tienen que contemplarse y enriquecerse mutuamente. La familia cristiana, por el sacramento del matrimonio y por el bautismo de los padres y de los hijos, es “Iglesia doméstica” y participa de la misión de transmitir la fe; y en cuanto engendradora de sus hijos, se convierte en la primera y principal institución encargada de esta tarea. Por ello, los padres son para sus hijos los genuinos transmisores de la fe que profesan. Los grandes santos han nacido, de modo ordinario, en el seno de familias profundamente cristianas. Es un hecho que, en los países donde la fe ha sido perseguida durante mucho tiempo, ésta se ha conservado y transmitido gracias al ministerio de los padres.

El testimonio de los padres ha jugado siempre en la Iglesia, un papel decisivo, hasta el punto de convertirse la familia en el lugar por antonomasia donde la Iglesia trasmitía la fe; así sucede con los países de misión; mientras que en otras naciones de grande tradición cristianas, la familia ha perdido con frecuencia este protagonismo, con el consiguiente deterioro en la fe y práctica religiosa.

Es, algo, pues, que debemos recuperar.

En Brasil, ante más de tres millones de jóvenes, el papa Francisco confesó que estos “están perdiendo la confianza en la política, en la Iglesia y hasta en Dios”. Siempre le ha resultado difícil al joven eso de la fe: por lo que supone esa etapa de la vida y del desarrollo personal… Y, sobre todo, por el ambiente. El nuestro no es el más propicio para la vivencia religiosa. Y esto, muchas veces, por culpa de los que nos llamamos cristianos (también los padres). Así lo ha dicho el Papa: los jóvenes no creen “por la incoherencia de cristianos y ministros del Evangelio”.

Es, como veis, un tema importante y que nos exige mucho. Un tema que os oca de lleno a los miembros de las Hermandades y Cofradías. Vuestra finalidad es proclamar y transmitir la fe en un Dios que, hecho hombre por nosotros, nos ofrece su Salvación.

Por otra parte, vuestras asociaciones son las más numerosas en el seno de la Iglesia. Y en esa cantidad tienen mucho que ver os jóvenes. Bastantes de ellos no tienen otro vinculo creyente más que el de pertenecer a una de vuestras Hermandades o Cofradías.

Tal vez pueda ser este un año muy propicio para que todas y cada una de vuestras Hermandades y Cofradías os esforcéis por cuidar, sin regateos la fe de vuestros cofrades. Creando entre vosotros un clima de familia, de acogida, de armonía, de caridad… Y teniendo muy presentes a vuestros jóvenes. Seguro que se os ocurren cantidad de actividades para plasmar este compromiso.
Vuestro Obispo,  
                                 
                                                                                       † Antonio Algora Hernando
                                                                                                       Obispo prior

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